Video de Felix Guerra:
El arte genera emoción y que yo sepa todo lo que ocurre, ocurre en el espacio.

Durante la sobremesa la conversación con los amigos era relajada en aquel caluroso día en Santa Lucía. Rodeados de campos cosechados y de sol, Reyes me contaba cómo esa misma tarde las nubes envolverían su pueblo, Valleseco, colgado de la falda de la montaña en Gran Canaria, tal como él recordaba que ocurrió día tras día durante el tiempo que vivió allí.

Ves que afuera se habla; pero a cubierto con la conversación, no oigo otras palabras

Alguna de aquellas lluviosas tardes canarias, unos ojos de niño artista recordaban haber visto - lo imaginé asomado a una ventana o entre los árboles del monte - el sinuoso discurrir del alargado séquito cubierto de paraguas acompañando al familiar, o al amigo, o al vecino muerto.

Oigo las gotas sobre la tela, fuera veo la lluvia y me doy cuenta, que sé del vaciarse porque vislumbro el espacio que hay entre las gotas de lluvia;

El espacio, abierto por las palabras de Reyes, ya existía; era hermoso pero, aunque había aparecido hasta la siempre necesaria muerte, aún no estaba completo; como un poco más tarde comprendería.
Acompañados por las palabras bajamos al taller, donde estaba el arte, allí vería trabajos que ya conocía junto con el que motiva estas palabras.
La mirada de Reyes abarcaba el lugar en el que la vida había congregado el arte. La nueva obra aparecida ante mis ojos tensó el vértice que faltaba para configurar hasta ese momento el inconcluso espacio y, en coincidencia con sus ojos, vi unas esculturas cuyos personajes, protegidos por la escala precisa de su “pequeño” tamaño permitía observarlos desde las nubes. Amparados por el límite marcado por la arquitectura de sus paraguas, deambulaban por las mesas del taller, absortos en su intimidad; independientes unos de otros, pero convocados por un mismo motivo que los iría reuniendo, según fueran realizados, durante un tiempo, en torno a algo que percibí profundo y emocionante.

Entonces me repliego
y abrazo mi intimidad.

          Balanza.

OJO DE BUEY
Population: 3.000
BERNARDO SÁNCHEZ

El miércoles por la tarde me puse a la cola de una manifestación. Su ratio es portentosa: 3.000 almas en unos pocos metros cuadrados, un recorrido infinito en el tramo comprendido entre unas cuantas columnas de forja y un altura moral elevadísima en no más de quince centímetros por persona. No sólo las cifras están en esta ocasión fuera de toda diatriba sino que la contemplación de esta apretada secuencia de manifestantes y de su estruendoso mutismo -producto de un dolor tan real que se petrifica- nos hace reflexionar sobre la altisonancia de las consignas al uso. Hablo de la hermosura de 'Solidaridad', el cortejo escultórico y democrático que Félix Reyes ha plantado -literalmente- en la sala de Exposiciones de la antigua Beneficiencia, honrando a las víctimas muertas y vivas del 11-M. Es un acto cívico el ir a verla. Y verla es la forma más inmediata de secundarla. Vayan acompañados con sus hijos y explíquenles de qué pasta están hechas las figuritas y la razón de su movimiento. Glosen su discreción, su silencio, su acompasamiento. Y agáchense para ver lo que pasa a su paso. Contempladas desde una ventana -como dice Reyes que veía los entierros en su pueblo canario- son un caparazón ambulante, pero a ras de suelo se puede apreciar la diversidad, el mural del almas emboscado por los paraguas. Se descubre -con asombro- el friso monumental que se ha ido poblando espontáneamente. Reyes expone el conjunto después de haber tratado con cada una de sus piezas durante dos años, desde aquel 12 de marzo. Vemos la coreografía resultante, pero él las conoce individualmente y ha traducido este conocimiento en un puesto singular para cada una de ellas. Los 3.000 de Reyes se abren paso en el callejón de una sala alta y oscura por sus andenes. La cabeza de la manifestación avanza hacia una pantalla que retransmite -y amplifica- su marcha. Si respetamos su silencio escucharemos cierta música. Reyes hace ya tiempo que dio con un molde genuino. Para personas y cosas. Les pasa a pocos escultores, el dar con una forma que es a la vez una clave y un alfabeto, el encontrar un grado de sustracción adecuado para que la materia ahueque al espectro de la estructura anímica y afectiva. La figura original de Reyes no tiene marcas, ni énfasis, ni nombre. Pero se entiende por la curva de entonación, por la lisura veteada de la madera o, en este caso, por la abstracción alabastrina. Reyes trabaja sobre lo fundamental. Por lo demás, las manos de Reyes no son distintas de Reyes, y en la textura, expresión y suavidad de las figuras que libera lo estás escuchando hablar y lo estás viendo mirar. Para esta ocasión, en la que se trata de la perplejidad ante la ausencia, el escultor ha desplegado toda su población, invirtiendo todo el tiempo de que dispone como artista en repetir hasta 3.000 veces una misma actitud. Mi única bandera es, desde el miércoles, un paraguas, uno de los 3.000 con los que Reyes ha protegido a su gente de una lluvia de lágrimas y de palabras. Muchas gracias, Reyes.
Esta 'Solidaridad' nos limpia.






Hay golpes en la vida,
tan fuertes…
Yo no sé!



Golpes
Como del odio de Dios,
como si ante ellos,
La resaca de todo lo sufrido
Se empozara en el alma… Yo no sé!
Son pocos pero son…

(...)

Y el hombre…
Pobre… pobre!
Vuelve los ojos, como cuando por el hombro nos llama una palmada;
Vuelve los ojos locos,
Y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes…
Yo no sé!

“Los heraldos negros” César Vallejo.









Félix Reyes en ésta, su multitud, nos plantea aquellos momentos en el que un golpe de dolor (o esperanza), nos afecta tan hondamente que no cabe mirada en espejo; acaso en la del otro: amor, amigo/a o compañero/a…

y es un silencio que lo llena todo…

un silencio que grita: ¡no me falles!.

Ni la grandeza personal de Félix envidia a su grandeza como creador, ni su creación a su persona: él es así…

Deseo a esta multitud ya nuestra, espíritu viajero; profunda obra de arte, que aúna lo individual y lo social como pocas.: las multitudes del mundo lo necesitan.

Un abrazo para tí, y un beso a tu otra mirada con nombre de flor, que tú tanto buscas; la mirada que acoge, que ilusiona, que posee autenticidad.

JESUS LASANTA



SIGNO Y SENTIMIENTO
IGNACIO GIL-DÍEZ USANDIZAGA/


No es necesario situar al lector recordándole quién es Félix Reyes Arencibia (Valleseco, 1941). Reyes lleva más de cuarenta años residiendo en La Rioja. Ha vivido en contacto con la enseñanza artística a través de la Escuela de Artes y Oficios, ha participado en todo aquello que se moviese en nuestra región y que supusiese algún tipo de renovación artística. Ha contribuido con su obra a dignificar la escultura, colocando algunas de sus piezas en lugares públicos. Ha sabido, finalmente, demostrar que el artista no pertenece a un mundo aparte y que el espíritu que le impulsa tiene que estar siempre vivo.
Félix Reyes ha obtenido el reconocimiento de todos los riojanos a través del Galardón a las Bellas Artes en el año 2002, pero esto, por suerte, no ha supuesto para él ni un punto final ni un punto y aparte. Mantiene su interés creativo y evoluciona ofreciendo, como ocurre ahora, muestras de su sensibilidad y maestría. La obra de Reyes siempre ha sido fiel a la tradición del siglo XX. El trabajo sobre el material, el respeto y el conocimiento sobre el mismo, la elaboración de volúmenes, el concepto de masa escultórica y la relación de la forma con el ser humano, con la figura, han sido algunas de las grandes constantes de su producción.

Desde los años noventa nuestro escultor fue adentrándose en una nueva dimensión para su obra. Frente a la estatua, a la pieza que condensaba todo el trabajo e interés, comenzó a plantearse el espacio, el lugar donde exponía, como un ámbito de relación entre sus esculturas. La obra se componía de figuras en actitudes diferentes que, a ras de suelo, se ubicaban en un lugar despejado enfrentándose y permitiendo al espectador deambular entre ellas. Félix siempre ha tenido en cuenta para estos trabajos la referencia de su experiencia: los recuerdos materializados y convertidos en arte. Lo particular transformado en signo universal, lo cotidiano convertido en idea.

Solidaridad es esto mismo. Ahora el material, la alabastrina como si fuera bronce, plasma cuarenta y tres figuritas distintas diseñadas por el escultor. Su repetición hasta formar un conjunto de más de tres mil completa un grupo de humanos que, bajo los paraguas, se unen para demostrarse su apoyo o el apoyo a otros. El blanco dominante afirma la ausencia de relación concreta con un acontecimiento y con unos individuos. La idea se impone. Puede que alguien comente que esto ya está inventado o que Reyes emula a Juan Muñoz. La diferencia estriba en que Félix siempre compone desde un recuerdo y en que sus figuritas son auténticas esculturas en sí mismas, en la tradición formal indicada. La sala, pese a su lejanía, recomienda una visita, un espacio perfecto para una obra sentida e intensa.





Gotas de lluvia que se clavan en la piel caliente y desnuda, heridas de mentira
que con un solo gesto nos evitan los paraguas. Tallados por Félix Reyes en
madera, tal vez nos puedan proteger de otro tipo de heridas mucho más
profundas y verdaderas.
Hace mucho tiempo que ya no para de llover.
CARLOS ROSALES
Logroño, agosto de 2006

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